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Ejercicio Enérgetico básico :

Sentir la energía

La finalidad de este ejercicio es demostrar algunos de los principios expuestos en este libro, que son aplicables tanto a las técnicas de curación como a tu aptitud para sentir y dirigir la energía, es decir, para funcionar como sanador.
Aunque este ejercicio puede realizarlo uno solo, es mejor hacerlo con otra persona, leyendo las instrucciones en voz alta. Si en la actualidad estás solo, puedes hacerlo más tarde con un amigo.
Para empezar, pon el libro sobre una mesa, de forma que puedas leerlo sin necesidad de sostenerlo con las manos, a fin de que éstas queden libres.

Siéntate y pon las manos sobre la mesa, o mejor todavía, sobre las rodillas, con las palmas mirando hacia arriba. Concentra tu atención en las palmas de tus manos, concretamente en la superficie de la piel. Siente el aire que en ese lugar roza la piel. Puedes ser consciente de la temperatura del aire, de sus movimientos e incluso de su presión. Detente unos instantes percibiendo estas sensaciones cada vez con más intensidad. Mantén tu atención en las palmas de las manos y sé cada vez más consciente del contacto del aire con tu piel.

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Pronto percibirás otra sensación poco usual, algo así como una vibración o un cosquilleo. Al principio será algo muy sutil, pero cuanto más enfoques tu atención en ella, mayor será la claridad con que la sentirás.

A esa sensación le podemos dar un nombre, la podemos llamar «energía». Imagina que esa energía surge de tus manos y que al hacerlo hace vibrar la membrana de la piel. Sientes la energía irradiándose desde tus manos.

Permaneciendo consciente de tus manos y experimentando la sensación descrita, ponías ahora una frente a otra, a unos 50 cm de distancia, y lentamente aproxímalas y sepáralas varias veces. Notarás que la sensación es diferente cuando se acercan una a la otra de cuando se separan.

Puedes imaginar que entre tus manos hay una bola de energía. Al acercar las manos comprimes esa bola y «compactas» la energía, haciéndola más densa, un poco como si fuera una bola de nieve. Pronto serás capaz de notar el contorno y la superficie de dicha bola y podrás sostenerla manteniendo la sensibilidad de las manos.

Si realizas el ejercicio con otra persona podéis poneros uno frente a otro, manteniendo cada uno su propia bola de energía y desplazando las manos de forma que os permita sentir la energía del compañero. Por ejemplo, puedes poner una mano entre las de tu compañero moviéndola de abajo arriba y de arriba abajo a través de su campo energético y percibir las sensaciones que experimentas. El compañero puede hacer lo mismo. Seguid con el ejercicio durante un rato.

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Después, relajad las manos y pensad en lo que habéis experimentado.
Algunas personas, para describir esta experiencia, utilizan palabras como «calor», «frío», «electricidad», «magnetismo», «flujo», o «densidad». Podríamos decir de todas estas palabras que describen diferentes formas de energía o diferentes aspectos de la energía, al igual que una bombilla eléctrica emite también diferentes aspectos de energía. Unos calificarían esa energía como «luz», otros como «calor» y otros como «campo magnético». Todo ello es correcto, pues son diferentes aspectos de una misma energía.

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Independientemente de lo que hayáis sentido, podemos decir que esa sensación os prueba que habéis sentido la energía. Algunos individuos manifiestan que la sensación varía cuando sienten la energía de otra persona, pero siempre se trata de energía.

Al realizar este ejercicio, ocurren varias cosas. Ha comenzado con una sensación en bruto, sin nombre. Luego, la hemos calificado como energía y las palabras utilizadas para describirla han creado la realidad. Si hubiésemos utilizado palabras distintas, vuestra experiencia habría sido diferente.

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Si hubiéramos descrito la experiencia con otra imagen (la sangre deslizándose bajo la piel, por ejemplo), habríais sentido eso. Si la hubiésemos descrito como un adormecimiento de las manos, la habríais percibido de ese modo.

Nuestras palabras crean nuestra realidad. Partiendo del principio de que todos creamos nuestra propia realidad, una de las formas de lograrlo consiste en elegir las palabras que vamos a utilizar para describir nuestra experiencia. En todo momento estamos experimentando algo, y ese algo debemos calificarlo de algún modo. Elegimos determinadas palabras para describir nuestra experiencia y con ellas energetizamos dicha percepción. Nosotros elegimos nuestra realidad.

Sabiendo esto, podéis tratar de ser conscientes de las palabras que utilizáis durante el día, y de la realidad que con ellas creáis.

Las palabras que utilizas para describir tus experiencias, crean tu realidad.

Al hacer este ejercicio, podemos decir que has pasado de una realidad a otra. Has pasado de una realidad en la cual no sentías la energía a otra en la que sí la sientes. En esta nueva realidad, puedes describir tus experiencias en términos de energía.

Este proceso lo hemos efectuado en tres etapas. Primeramente, hemos decidido qué va a ser verdad en la nueva realidad. Hemos decidido que vamos a sentir algo en las manos.

PRIMERA ETAPA:

Decidir lo que va a ser verdad en la nueva realidad
Aunque para la primera etapa te puedes inspirar en este libro, la segunda etapa debe proceder de ti. Tú eres quien debe buscar la forma de dar sentido a tus palabras. Tal vez te hayas dicho lo siguiente: «Me parece que siento algo. Quizás se trate del fenómeno que este libro describe. Sí, lo siento cada vez más».
Actuando de este modo, has estimulado la percepción del fenómeno, y ello te confiere motivos para creer en el proceso.

SEGUNDA ETAPA:

Estimular la percepción que estás teniendo ahora.
Finalmente, en la tercera etapa podrías decirte a ti mismo: «Es verdad. Ahora siento mi energía y siento la energía de mi compañero. Ya estoy en la nueva realidad».

TERCERA ETAPA:

Decide que eso ahora es verdad
Si has realizado el ejercicio con otra persona, podrás darte cuenta de que lo que comenzó como una experiencia subjetiva ha sido después percibido también por otro ser en la realidad física externa, mediante la realización de una experiencia compartida, objetiva y real.

Así es como funciona la curación. La percepción de la curación, que se inicia en la consciencia del sanador como una experiencia subjetiva, puede luego ser percibida en la realidad física externa por otro ser.

Cuando nos preparamos para una curación, empezamos siempre poniendo las manos en la posición mencionada, recreando la sensación de energía entre ellas. Es decir, utilizamos las manos como otras gentes utilizan ciertos dispositivos de retroalimentación que les indican que se hallan ya en un estado particular.

Este tipo de dispositivos se basan en la idea de que en los diferentes estados de consciencia, las funciones biológicas cambian. Se dan cambios a nivel del ritmo respiratorio, de la sudoración, de la presión sanguínea, del ritmo cardiaco, etc. Cuando las funciones biológicas medidas por dicho dispositivo muestran que el sujeto se halla en el estado de consciencia deseado, el aparato genera una retroalimentación: suena una campanita, se mueve una aguja o parpadea una luz.

Es decir, el aparato le dice a la persona: «Ya estás en el estado de consciencia que buscabas». Así, el sujeto se va acostumbrando a dicho estado de consciencia hasta que ya no tiene necesidad del aparato para saber en qué estado se halla. En la retroalimentación, el estado de consciencia deseado puede ser el nivel alfa, o beta. En nuestro método lo que buscamos es el estado de consciencia en el cual sentimos la energía. Dado que curamos con energía, ése es el estado de consciencia en el cual la curación puede producirse.
Desde el momento en que experimentes dicha sensación en las manos, estarás en el estado de consciencia perfecto para curar a alguien. Si durante la sesión, esta sensación se interrumpe, deberás detenerte y tendrás que restablecerla antes de seguir. Esta sensación se puede crear todas las veces que lo desees.
Algunas veces, dicha sensación aparece sin que hagamos nada para evocarla, pero ello no cambia nada. Simplemente significa que estás en un estado de consciencia que te permitirá actuar como sanador. Tal vez unos momentos después alguien te dirá que no se siente muy bien. Entonces sabrás por qué apareció dicha sensación. Podrás ofrecerle tus servicios como sanador, dándole la libertad de aceptar o rechazar tu ayuda; si acepta, ¡adelante! Si no, déjalo en paz.
A esta postura de inicio le hemos dado un nombre. La llamamos Posición Básica Estándar de Inicio Tipo «A». No existe la posición de inicio «B».

Dirigir la Energia – ( ejercicios para curar con Luz blanca)

Crea otra vez en tus manos la sensación mencionada, centrando tu atención en la superficie de la piel de las palmas y recordando la sensación experimentada antes, a fin de recrearla.

Pero ahora vamos a describir esta experiencia con otras palabras. Imagínate que la energía se filtra hacia el interior a través de las manos haciendo vibrar la piel. Puedes imaginarte que tus manos son como receptores de radar, sensibles a la energía, y que el espacio que te rodea está lleno de energía. Hay ondas de radio, rayos X y rayos gamma, hay energía mental, energía sexual, luz, sonido, calor, amor, energía de curación —todo un mar de energías—, y todas esas energías las puedes ahora sentir, entrando por tus manos.

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Siente cómo la energía que penetra por tus manos sube por los brazos y por todo el cuerpo. Siente cómo recarga tus baterías. Siéntete energetizado. Siente cómo te vuelves más claro, más centrado, etc. Dedica un poco de tiempo a este ejercicio, a llenarte de energía, hasta que tengas la impresión de que dicha energía irradia toda la superficie de tu cuerpo, el cual brilla ahora como una bombilla eléctrica.

Después, dirige de nuevo la atención a la superficie de la piel de las palmas de las manos. Ahora vamos a describir las sensaciones de una manera diferente. Dite a ti mismo que lo que ahora estás sintiendo se debe al hecho de que tus manos irradian energía. Siente cómo la energía irradia de las manos, como en el ejercicio anterior.

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Mientras sientes esa energía irradiando de las manos, podemos todavía darle otro nombre. Podemos llamarla Luz Blanca. Imagina que la sensación que experimentas es la de la Luz Blanca que irradia de tus manos. Con la Luz Blanca es con lo que curamos. Dedica

un tiempo a este ejercicio, y luego, relájate y sigue leyendo el libro.
Cuando decidiste que la energía se filtraba por tus manos y penetraba en ellas, pudiste sentir cómo se desplazaba y notaste sus efectos.

Cuando decidiste que la energía salía de tus manos también fuiste capaz, no sólo de sentirla tú, sino que otra persona también la pudo sentir. dirigir3

No tuviste que forzar la energía para que saliera de tus manos ni para que entrase en ellas, todo lo que has tenido que hacer es decidir en qué dirección se desplaza ésta, y seguidamente sentir que se está desplazando en dicha dirección, según las tres etapas mencionadas en el ejercicio A:

1: Decidir lo que va a ser verdad en la nueva realidad.
2: Estimular la percepción de lo que está ocurriendo.
3: Decidir que ello ahora es verdad.

Ahora sabes que eres capaz de sentir la energía. Lo sabes porque lo has experimentado. Sabes también que puedes detectar y dirigir la energía, porque también lo has experimentado. Esa energía se filtra siempre a través de ti y ahora eres consciente del hecho de que esa energía puede ser dirigida por tu consciencia. En realidad, esto lo has hecho siempre. Somos seres energéticos y cuando bloqueamos el flujo de la energía con una fuerza suficiente, el resultado es siempre algún tipo de síntoma físico.

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Así, cualquier síntoma puede describirse simplemente como un bloqueo de energía. Ya que tienes la capacidad de dirigir la energía, también puedes desbloquearla en los lugares donde se haya obstruido, tanto en ti mismo como en los demás. Al hacer esto, la curación ocurre. Puedes curarlo todo. ¿Acaso no dijo un famoso sanador del pasado que lo que él hacía también nosotros lo podríamos hacer e incluso aún mejor? ¿No crees que decía la verdad?

Todo se puede curar.

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