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“La gente nunca hubiese obedecido nuestras consignas si no confiara en quien se lo pedía.

Creo que pensaron ‘la televisión sabe lo que hace’”

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Este documental trata de como los medios influyen para programar a la sociedad para que obedezca . ser obediente para cumplir ciegamente con la “autoridad” que la elite dueña de los medios de comunicación considera útiles a sus fines.

Como la televisión lleva a la sociedad y a sus individuos a cumplir ordenes sin pensar. Subyugando la voluntad y el pensamiento critico, obnubilando la conciencia y volviendo a los individuos y alas masas manipulables.

Es un documental fuerte pero indispensable para aquellos que se consideran despiertos.

El juego de la muerte es un documental coproducido en 2009 por la radio televisión suiza y France télévision. El documental describe un experimento realizado en Francia en 2009 para estudiar la autoridad de la televisión y su influencia sobre la obediencia. El experimento es una nueva versión del experimento de Milgram adaptado a las condiciones actuales y su objetivo es medir de manera significativa la interacción entre la autoridad de la televisión y los valores éticos de los sujetos. Se buscaba concretamente evaluar la capacidad de desobediencia del sujeto a órdenes dadas con la autoridad de la televisión cuando estas le hacían infligir daño a otra persona.

El documental consiste en un falso reality show, donde los participantes obedecen las consignas de torturar con descargas eléctricas a un hombre hasta que aparenta morir.
“Le Jeu de la Mort” (“El juego de la muerte”), es una crítica al poder de la televisión sobre la sociedad, algo que los productores del documental quisieron explicar a través de un reality que incitaba a los participantes a torturar con el fin de quedarse con el premio mayor.
“La televisión es poder. Lo sabemos, pero sólo en teoría. Me preguntaba si es tan potente como para tornarnos potenciales verdugos”, explicó el productor Christophe Nick.

En este concurso, una glamorosa presentadora ordena a los concursantes que realicen descargas eléctricas a sus compañeros de juego cada vez que éstos fallen las preguntas de un cuestionario. El concurso comienza y, mientras tanto, un grupo de psicólogos analiza los inquietantes resultados. Aunque el concurso es una farsa y las descargas eléctricas no son reales, ni el público en el plató ni los participantes lo saben. Parte del juego les obliga a convertirse en torturadores, realizando descargas eléctricas hasta niveles casi letales.
El resultado fue sorprendente: mientras uno de los concursantes, que en realidad era un actor, simulaba gritos de dolor para detener la tortura, ocho de cada diez participantes cumplieron hasta la última orden de la presentadora llegando a accionar descargas de 20 a 460 voltios.
“La gente nunca hubiese obedecido nuestras consignas si no confiara en quien se lo pedía. Creo que pensaron ‘la televisión sabe lo que hace’”, comentó Nick.

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